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domingo, 1 de octubre de 2023

MES DE LA DIVINA PASTORA – DÍA ÚLTIMO

Tomado de La Divina Pastora, o sea El rebaño del Buen Pastor Jesucristo guiado, custodiado y apacentado por su divina Madre María Santísima, escrito por fray Fermín de Alcaraz (en el siglo Fermín Sánchez Artesero) OFM Cap., Misionero Apostólico, e impreso en Madrid por don Leonardo Núñez en 1831, con aprobación eclesiástica. Por cada Consideración, Afecto y Oración hay concedidos 280 días de Indulgencia por el Nuncio Apostólico, el Arzobispo de Santiago de Compostela y otros Prelados.
 
DÍA TRIGÉSIMOPRIMERO
«Tabernáculum vero fácies: et operiméntum áliud tecto de péllibus aríetum rubricátis» Éxod., cap. 26, v. 1, 14. Y harás el tabernáculo: y lo cubrirás de pieles de carneros almagradas.

En este día se nos manifiesta el culto y veneración que las ovejas deben tributar a su Pastora, sobre lo cual,

1º Considera lo primero, como queriendo Dios dar a su pueblo un signo de su protección y amparo, en que reposase la plenitud de la Divinidad, y fuese como la imagen sensible que reuniese todo su culto, mandó fabricar una preciosa arca y un tabernáculo en que colocarla, que por todas sus circunstancias fue el símbolo más expreso de nuestra Divina Pastora. Mandó reunir para su estructura, su adorno y su defensa lo más precioso de maderas, de telas y de metales, y juntarlo todo con lo despreciable de las pieles de carneros. No puede darse una significación más clara de nuestra Divina Pastora. Ella es, en realidad y no en figura, la preciosa Arca del Testamento fabricada por la mano del Dios vivo, en la cual depositó, no los símbolos de la Divinidad; sino a la Divinidad misma, tan real y verdaderamente como fue desde ab ætérno, en donde el Verbo Eterno se vistió de las groseras pieles de la naturaleza humana. Ella se ve cubierta de las preciosas telas de grana, de púrpura y de jacinto, como se ve en la túnica, el manto y demás que adornan su virginal cuerpo y lo hermosean, al tiempo que lo hacen respetable: y porque siendo Pastora, debe andar por los campos haciendo guía a sus rebaños, así como el Arca del Testamento dirigió por mucho tiempo al Pueblo de Israel por los valles y desiertos; por esta razón se cubre con las pieles mismas que cubrían a la que fue su figura, para estar defendida de las aguas, el calor, los aires e intemperies. Considera además, como para defensa de aquella Arca misteriosa, y para que se adorase por el pueblo en un modo respetuoso, se mandó edificar el tabernáculo de tablones de madera fina y escogida, colocados con orden y hermosa simetría, en términos que cubriese al Arca por la espalda y los costados; asimismo que de sus columnas pendiesen finas y preciosas colgaduras, y del techo colgase por medio de sortijas el velo formado de telas estimables. Todo muy conforme a los Tabernáculos y Altares que, llegado el tiempo de la ley de gracia, debían erigirse para colocar esta Arca Santa en toda su propiedad, y en clase de Pastora cubierta de pieles y telas ricas, recibir nuestros cultos y veneración, y ser como el punto de reunión adonde acudan sus ovejas a honrarla, presentarla sus súplicas, hacerla ver sus necesidades, defenderse de los enemigos, que cual Lobos carniceros las rodean día y noche, mitigar la ira de Dios justamente irritada por sus ingratitudes, y atraer sobre sí mismas las bendiciones del Cielo. Con este fin, y a semejanza de lo mandado por Dios a su Pueblo, se erigen para resguardo de esta verdadera Arca de la alianza, los tabernáculos y retablos hermoseados con arte y con estudio, y se cubre con las colgaduras y el velo que cuelgan del techo de su habitación santa: en donde igualmente se esmera la piedad, para que todo sea con el decoro debido a tan gran Pastora.
  
AFECTOS
Fieles ovejas de María, ya podéis enfervorizar vuestras almas, para tributar a vuestra Pastora el culto que la es debido. En el Cielo en cuerpo y alma, y en la tierra significada en su peregrina imagen de Pastora, es después de su Divino Hijo el objeto de vuestro amor, y el término de vuestros homenajes. Ella está en medio de vosotras para ser vuestro refugio, vuestra fortaleza y vuestro consuelo. Consagradla vuestros cánticos: dirigidla vuestros cordiales afectos: dedicaros sin reserva a su obsequio: amadla, si fuera posible, cuanto ella os ama: y anunciad a todo el Universo este tesoro de gracia y de bendiciones. ¡Ovejas descarriadas!, no temáis acercaros al trono de esta amable Pastora: venid a su templo, santificado con su maternal presencia: ella es la que más se compadece de vuestra triste situación: por vosotras, y por vuestra salud, decretó el Señor enviarla en clase de Pastora: venid ante su Imagen: sus ojos ven vuestras necesidades, sus oídos oyen vuestras súplicas, y su Corazón se llena de contento al veros retroceder de los caminos de perdición, ella os reconciliará con su Hijo, abriendo por medio de sus Ministros los tesoros de su Sangre, con la cual, rociadas vuestras almas, serán limpias de las horruras del pecado.
    
Sí: yo os alabaré y bendeciré con toda sumisión y respeto, ¡oh Pastora Divina! Yo me uniré a esta porción de almas fieles, en cuyos corazones arde el celo por vuestro culto y devoción. Todos juntos cercaremos vuestro Tabernáculo, considerando en él, y en vuestra Imagen de Pastora, el gran prodigio de vuestro amor, de las misericordias de Dios, y de nuestra protección. Para esto estaré siempre unido a esta grey, en cuya compañía, después de tributaros los debidos homenajes y agradecer vuestros favores, procuraré reparar con mis lágrimas la indiferencia, el olvido y la ingratitud de los hombres, no solo porque no os tributan el debido culto; sino más bien, por la profanación y sacrilegios con que os ofenden en vuestro Santo Templo. Yo me haré modelo de veneración y respeto, poniendo toda mi gloria en honraros en vuestra Imagen, y ante ella invocar vuestra protección. Postrado en vuestra presencia, solo me ocuparé en consagraros todo mi interior y exterior, las operaciones de mi entendimiento, y los afectos de mi corazón y de mi alma.
   
2º Considera lo segundo, cuán admirables y estupendas son todas las obras del Altísimo, así en el orden de la naturaleza como en el de la gracia, y cómo exceden infinitamente la capacidad del hombre. Al ver la formación del Universo y de los seres que lo ocupan, al considerar la sublimidad de los decretos divinos, y la suave fuerza en ejecutarlos para la institución de la Iglesia, hecha ya la redención del hombre, no puede menos nuestro entendimiento de abatirse hasta el polvo, y cerrar sus ojos para no ser deslumbrados con tanta majestad. Mas entre todas estas obras del Altísimo dispuestas desde la eternidad, y ejecutadas en tiempo por una sucesión sabia de acontecimientos, debemos contar por una de las más admirables, la institución de la Madre de Dios por Pastora de la grey redimida con la Sangre del Cordero, y la fábrica de sus Imágenes en la caritativa y amorosa significación de sustentar, custodiar y proteger a las ovejas, por quienes el buen Pastor dio su alma, su sangre y su vida.
   
La Iglesia Católica, columna y firmamento de la verdad, aprobó con su permisión la piedad con que la Madre de Dios era venerada en la Imagen de Pastora, desde el tiempo en que salió a luz este amoroso título: y después, por especial decreto, ordenó el culto que se la debía con el oficio y misa de Madre del buen Pastor, con que se la honra en todo el orden de Capuchinos, como especial protectora de sus Misiones. Ya con esto, las ovejas del rebaño de Jesucristo tienen un signo exterior como punto de reunión para ellas, adonde deben acudir para rendir sus cultos y homenajes religiosos, e implorar la divina misericordia por la mediación de tan caritativa Pastora. Pondera, ¡alma mía!, que aunque Dios exige toda nuestra adoración en espíritu y en verdad, por su ser infinito, por su majestad y su gloria sin término; y aunque sea lícito, honesto y religioso el invocar a los santos y amigos de Dios, y venerarlos a ellos y a sus imágenes con un culto respectivo, hay entre éstos dos géneros de culto, uno que especialmente debemos tributar a la Divina Pastora, o Madre del buen Pastor, por reconocer en ella una comunicación especial de las perfecciones divinas, que excede a la de los Santos, y se queda un punto inferior a lo infinito. Y para que en esto, alma mía, no padezcas equivocación, advierte que si invocamos a los Santos que reinan con Jesucristo en el Cielo, por medio de sus Imágenes que nos los representan en la tierra, es en razón de intercesores, por cuyo medio esperamos conseguir de Dios la gracia, y aun los bienes de orden inferior: y si adoramos la Divinidad, aniquilándonos en su presencia hasta el abismo de nuestra nada, por reconocer la suprema e infinita majestad, soberanía e imperio en los cielos y en la tierra; en nuestra Pastora hay una especial dignidad, que reside en su maternidad divina, la cual exige uno como honor medio entre Dios y los Santos, y con la que resplandece en términos, que después de Dios no se halla otra semejante. Es tanta su perfección, que solo Dios puede conocerla (San Bernardo, Sermón 51, art. 3, cap. 1). No pudo Dios, dice Santo Tomás, formar una Madre más digna que María; y así es, que aquellas almas que en clase y semejanza de ovejas del buen Pastor, veneran y reverencian a su Madre y sus Imágenes, cumplen con un deber impuesto por éste su Divino Hijo, celoso siempre del honor de su Madre.
  
AFECTOS
Yo no cesaré ya un instante de tributar el debido culto a mi Madre Pastora: le ofreceré todos mis homenajes, no solamente en el retiro de mi oración, sino en todo tiempo y lugar. Fundaré mi gloria en declararme venerador de tan santa Madre, hasta que todo el mundo sea testigo de mi celo y mi fervor para extender su culto y aumentar el número de las ovejas que la obsequien y la sirvan: y reunido yo con estas almas santas que la reconocen por su Pastora, la tributaremos todo honor, gloria y bendición: celebraremos sus beneficios, y cantaremos sus alabanzas. Sí, Divina Pastora, en el templo mismo en que os veneramos, contemplaremos la altura a que os ensalzó el Omnipotente. Nuestro corazón se llenará de alegría en el lugar mismo en que establecéis el imperio de vuestra protección en vuestra Imagen de Pastora. Allí miraremos a una Madre, ocupada de continuo en aliviar nuestros males. Cuanto más pobres seamos los que nos postramos ante vuestro trono, tanto seremos más enriquecidos de vuestras gracias: cuanto más despreciados, seremos más amados de Vos: cuanto más perseguidos, seremos más protegidos, y tanto más os comunicaréis a vuestros siervos, cuanto nosotros seamos más fieles en honraros.
     
La impiedad se armará contra el fiel rebaño de María en el exceso de su ceguedad y endurecimiento; pues como se reservó para nuestro siglo el proferir en público la blasfemia horrible, que antes solo pronunciaba el insensato en lo escondido de su corazón (Ps. 13, v. 1), de negar la existencia de Dios; se arrojará mucho mejor a negar a nuestra Pastora el culto y veneración que como a Madre suya la es debido querrán destruir el imperio que ejerce en los cielos y en la tierra, levantando el estandarte de la incredulidad para seducir a los simples. No cesará su furor hasta abolir el culto y hacer que se olviden los prodigios de la redención, y se desfiguren las obras de su sabiduría y misericordia. ¿Y cuál será, ovejas de María, vuestro apoyo para no ceder a este torrente de impiedad que por todas partes nos circunda? Vos, sin duda alguna, ¡oh Pastora divina! Vos que los conocéis, y estáis viendo su malicia desde el alto Cielo en que habitáis: Vos los confundiréis, e inutilizaréis los planes diabólicos delineados en sus juntas infernales en que se agitan por destruir vuestro culto. Mas como vuestro amable Corazón se compadece del extravío de estas ovejas indóciles, por ingratas que ellas sean, seguidlas desde lejos: llamadlas; y acaso ellas oyendo vuestra voz, cediendo a sus propios remordimientos, o convencidos de su error, os darán el consuelo de que las veáis volver a Vos pesarosas de sus yerros, y resueltas a serviros y honraros.
            
ORACIÓN
Vos sois Pastora Divina, por cuyo medio, como por un acueducto celestial, vienen a nosotros todos los dones temporales y espirituales: por lo tanto, yo la menor y más favorecida de vuestras ovejas, me postro ante vuestro trono de majestad, y en unión de los espíritus angélicos que lo cercan, adoro y reverencio vuestra admirable excelencia y dignidad, elevada sobre todo lo que no es Dios: os doy gracias por la protección que me dispensáis, y todo me consagro por vuestro siervo. Fijando mis ojos en ese Tabernáculo en que os ostentáis Pastora vigilante de la grey de vuestro Hijo, deposito en Vos mi confianza, y espero de vuestras hermosas manos cuanto me sea necesario para vivir en el mundo fiel a los preceptos de Dios, y alcanzar la vida eterna. Amén.
   
Se reza un Padre nuestro, cinco Ave Marías, y un Gloria Patri.

sábado, 30 de septiembre de 2023

MES DE LA DIVINA PASTORA – DÍA TRIGÉSIMO

Tomado de La Divina Pastora, o sea El rebaño del Buen Pastor Jesucristo guiado, custodiado y apacentado por su divina Madre María Santísima, escrito por fray Fermín de Alcaraz (en el siglo Fermín Sánchez Artesero) OFM Cap., Misionero Apostólico, e impreso en Madrid por don Leonardo Núñez en 1831, con aprobación eclesiástica. Por cada Consideración, Afecto y Oración hay concedidos 280 días de Indulgencia por el Nuncio Apostólico, el Arzobispo de Santiago de Compostela y otros Prelados.
 
DÍA TRIGÉSIMO
«Veni de Líbano Sponsa mea: veni coronáberis de cápite Ámana, de vértice Sanir et Hermon, de cubílibus Leónum et montum Pardórum» Cánt., cap. 4, v. 8. Ven del Líbano, Esposa mía: ven, y serás coronada de la cima de Amaná, de la cumbre de Sanir y de Hermón, de las cuevas de los Leones, y de los montes de los Leopardos.

En este día se nos manifiesta la exaltación de la Divina Pastora al Cielo Empíreo, y la corona especial con que fue remunerada su solicitud pastoral, sobre lo cual,

1º Considera lo primero, que aunque la Madre de Dios resplandeció en la tierra con todo el poder y autoridad de Pastora, y aunque sus ovejas notaron en ella las señales claras de su oficio pastoral, quedando con ellas en el mundo después de la Ascensión de su Divino Hijo a los cielos, se manifestaron estas más claramente en el día solemne de su coronación, en que el verdadero Salomón la hizo subir a su trono y la presentó a todo su rebaño, para que por él fuese reconocida por verdadera Reina y Señora. La sabia ordenación de su Santísimo Hijo tuvo muchos y graves motivos para que esta Divina Pastora tuviese como suspensa esta coronación, y conversase por algún tiempo con la grey de la primitiva Iglesia antes de ser asunta a su trono real; pero llegado que fue el tiempo prefijado desde la eternidad, quiso el Omnipotente manifestar que María no solo era elegida por Pastora; sino también coronada por Emperatriz universal de cuanto creó su poder, para que de este modo las ovejas redimidas con la Sangre del Pastor Divino, conociesen la razón que hay para que ellas se rindan gustosas a su imperio, pues el honor que recibe la Pastora en su coronación y las gloriosas insignias de su imperio, ceden en gloria y honor de las ovejas que están sujetas a él. Pondera que no hay pensamiento que pueda dignamente comprender cuánta fue la honra que el Pastor Divino dispensó a su Madre y Esposa la Pastora, en este día de su coronación, porque tampoco hay comprensión humana que entienda, ni la extensión de la generosidad de Dios, ni los actos heroicos con que nuestra Pastora se hizo digna de tanta gloria. Así como en la tierra, dice San Bernardo (Sermóm de la Asunción), no hubo para el Verbo Eterno un templo más digno que el vientre purísimo de María, en que lo recibió como Hijo; así tampoco en los cielos hay lugar más noble que el solio real a que la sublimó este su Divino Hijo. Por esto es llamada por su Esposo desde el Líbano, Amaná, Hermón y Sanir, para que dejando estos montes llenos de cuevas y madrigueras de las bestias feroces, que representan a este valle de lágrimas (Cornelio Alápide, Sobre el verso 8 del cap. 4 de los Cánticos), se trasladase a los altos cielos, para ser coronada con las tres aureolas de virginidad, de magisterio y de martirio (Íbid.): y además con las doce estrellas con que la vio el Profeta del Apocalipsis, diciéndola su Esposo que salga de las cuevas de los Leones y deje los montes de los Leopardos. Y entendiendo por esto los reinos y los imperios del mundo (Íbid.), hace el Esposo de todos ellos la corona de esta Soberana Emperatriz, la constituye sobre todas las obras de su omnipotencia, y la da un legítimo derecho sobre las coronas de todos los Reyes y Emperadores del Universo; por cuya razón los palacios de estos se consagran con su presencia, y se tienen por honrados cuando en ellos habita nuestra Pastora.
  
AFECTOS
La exaltación a los cielos de mi Madre Pastora es para mí el mayor consuelo, porque si subió tanto, fue para prepararme el asiento de mi felicidad eterna. Esta fe tan consolante, y esta esperanza tan dulce, me sostienen en mi destierro, porque siendo yo fiel a mi Pastora, veré pronto el día en que libre de la esclavitud de la carne, marcharé a su presencia y ante el Tabernáculo mismo de la Divinidad se abismará mi alma en el océano de sus perfecciones infinitas, brillaré con los rayos de luz y de gloria en el santuario de la Trinidad Santísima, donde vive y reina mi Madre Pastora. ¡Ah!, ¿Quién podrá comprender las caricias que yo recibiré entonces de su amor, ni las dulzuras de que se inundará mi alma? Entonces se acabaron ya mis penas, tendrán fin mis sufrimientos, se disiparán mis temores, y colocada mi alma entre las ovejas gloriosas que rodearán su trono, coronará sus dones coronando mis méritos, y me ocuparé en darla honor y gloria eterna, sin temor del León rugiente. Siendo justo que el cuerpo de pecado descienda a la noche pasajera del sepulcro para reducirse al polvo de que fue formado, llegará también día en que se reanimen mis cenizas esparcidas por la tierra, para ser participante en cuerpo y alma, de la gloria que me reserva mi Santísima Pastora.
    
En el momento en que realizada esta mi esperanza, entre yo glorioso y triunfante en la celestial Jerusalén, veré postrados y rendidos a todos los enemigos que han intentado mi perdición, y me hallaré seguro en una felicidad eterna. Entonces será cuando yo conozca claramente la infinita bondad de mi Dios, en darnos por Pastora cuidadosa de nuestras almas, a la misma que escogió para Madre suya. ¡Ah, cuándo veré yo este día feliz! ¡Mi alma suspira por entrar en el gozo de mi Dios, en la casa misma que Él ha destinado para su gloria, mansión santa y habitación de los escogidos, cuya luz es el mismo Dios, y cuya felicidad es su Divinidad misma! ¡Qué gozo tan inefable ver en mi Pastora glorificada, el prodigio de la omnipotencia y del amor de Dios para con el género humano! Si esta esperanza te sostiene, ¡oh alma mía!, ¿por qué te desconsuelan y afligen los males presentes, cuyo sufrimiento ha de facilitarte la consecución de tanto bien?
   
2º Considera lo segundo, que para formar una cabal y entera idea de la magnificencia y decoro con que nuestra Pastora fue recibida en el solio de gloria que correspondía a su mérito, ni hay entre los hombres agudeza bastante de ingenio, ni inteligencia en los Ángeles. Este Tabernáculo en que descansó la sabiduría eterna, fabricado por lo mismo con mayor esmero que los cielos, debió ser colocado con todo el honor, la gloria, y la majestad que convenía a la dignidad de su mismo Divino Hijo; y según esto, la infinita y generosa liberalidad del Omnipotente, que miraba en María la condición de Madre, y la dignidad de Corredentora, no omitió recurso alguno de su infinito poder para recompensar dignamente a una y otra. La vistió de inmortalidad, la exaltó sobre los Ángeles, la comunicó los privilegios de su omnipotencia, y la dio las insignias de su majestad real. Pondera que para hacer más glorioso este triunfo de nuestra Pastora, quiso este Señor que se ejecutase después del suyo, yendo delante a los cielos para preparar el trono de su Madre, y para que viéndola toda la corte celestial subir rodeada de los Ángeles, y esperada a las puertas del Cielo por la Santísima Trinidad, tuviese mayores motivos para admirarse de este triunfo. Si esta Reina hubiera subido en compañía de su Hijo, la corte del Cielo hubiera estado indecisa con diversos afectos de júbilo y de admiración, dudando si se convertiría a honrar al triunfador, o más bien a la Madre, a quien el mismo Hijo honraba con tanta preferencia. Advierte, alma mía, como el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, dispusieron todas las cosas, a nuestro modo de entender, para celebrar la entrada de nuestra Pastora en los cielos. Los Ángeles se distribuyeron por orden, llevando en sus manos las insignias de gozo, alegría y victoria: el pasmo y el asombro, no les dejó comprender cabalmente los preparativos de gloria y de magnificencia, que notaban en aquellos palacios eternos y en sus moradores; y quedaron atónitos cuando vieron a una pura criatura pasar por medio de todos ellos, sostenida por el brazo de su amado, hasta llegar al trono donde ningún nacido de Adán podrá llegar jamás. Toda aquella celestial corte, suspensa con tal maravilla, olvidó sus cánticos de gloria, y nada sabían ya sino preguntarse mutuamente: «¿Quién es ésta, que sube a tanto honor, recostada sobre su amado (Cántic., cap. 5, v. 5)? Nosotros conocemos la inmensidad del Padre, la divinidad del Hijo, y la santidad del Espíritu, que de ambos procede; ¿pero quién es ésta, que se apoya en el Hijo de Dios, y sube hasta colocarse junto a Él, como si fuera su semejante?». Esta es María, la Pastora de los hombres, que con el Pastor Divino cooperó a la redención de todos ellos; por esto se la da el ornamento del sumo imperio, entrando en los palacios eternos a reinar, sobre lo que creó la virtud de Dios: por esto se la da asiento en el trono real, y colocada sobre los coros de los Ángeles, es reputada tanto más excelsa cuanto es más digno que todos el nombre que adquirió de Madre de Dios: por esto fue puesta en su cabeza la diadema de inmortalidad, a la que en dicho de San Bernardo, nadie puede poner precio: y por esto se la vistió el manto real, con que asistirá eternamente a la diestra de su Hijo, adornada con variedad de hermosura.
  
AFECTOS
Corred pueblos de la tierra: venid, y contemplad a la Madre del verdadero Salomón sublimada hasta el trono augusto de su Divino Hijo, desde donde dará eternamente a la Trinidad Santísima más gloria y honor que todo lo restante de aquella celestial corte. Desde la altura de su trono, se hace también para vosotros vuestra mediadora, vuestra abogada y vuestra madre. ¡Oh prodigio inefable!, todo el fruto de la redención infinita de un Hombre Dios, está ya en su mano para distribuirlo a su rebaño. Desde el trono de tanta gloria, no olvidará que somos su pueblo y su herencia, y desde allí distribuirá los pastos saludables para sustentar nuestras almas. ¡Ovejas queridas, embriagadas con el torrente de dulzura, que abundantemente sale de su celestial trono, sabed, que vosotras hacéis las delicias de su amante Corazón! Si sois fieles a escuchar y practicar cuanto ella os ordena, esperad seguramente reinar en su compañía, y participar de su felicidad eterna. El nombre de Pastora os asegura esta verdad, él está lleno de ternura para los corazones rectos, dóciles a sus mandatos e imitadores de sus virtudes. Ella, en fin, si subió a los cielos es para que desciendan a la tierra los rayos de su misericordia, nos abrasen en el amor de nuestro Dios, y nos hagamos dignos de la recompensa eterna que allá nos reserva.
     
Entretanto yo me alimentaré de día y de noche con el pan de mis lágrimas y con el vino de la compunción, al verme aún en un mundo tan miserable como engañoso, rodeado de una multitud de impíos, de libertinos e incrédulos, siempre dispuestos a insultar mi fe y a burlarse de mi esperanza. Ellos se acercan a mí con escarnio, y se ríen de mi indiferencia por los bienes y los placeres de la presente vida, en que ellos fundan su única felicidad. Ellos se me burlan cuando me ven insensible o por los males que ellos temen, o por los bienes que apetecen. Yo no puedo hablar para convencerlos de que la verdadera felicidad deben esperarla fuera de este mundo en la patria de los escogidos, sin hacerme objeto de su burla y su ironía. ¡Ah, Señor!, si ellos conociesen el bien por que yo suspiro, ellos se avergonzarían de su ceguedad, y más religiosos que los importunos consoladores de Job, no se burlarían de la esperanza que me sostiene, de que volviendo a tomar mi propia carne, veré con mis ojos a mi Redentor, que vive y reina en los cielos; pero ciegos como son, me preguntan al modo que aquellos: «¿Dónde está ese tu Dios en quien esperas? ¿Dónde su justicia, y sus promesas? ¿Dónde su amor, su bondad, y las consolaciones que aguardas? Él te entrega a una vida triste y miserable, mientras que nosotros gustamos la dulzura de una vida tranquila»; pero Vos, Señor, que sois omnipotente en los cielos y en la tierra, animad mi confianza, y volviendo vuestros ojos sobre estos soberbios, confundidlos con las cosas mismas en que cifran su bienaventuranza.
            
ORACIÓN
¡Oh, Santísima Pastora!, gozo y contento de todos los Bienaventurados, y aun de la Trinidad Santísima, que os elevó a lo más excelso haceros parte de su gloria: subiendo Vos hasta su mismo trono, nos estáis manifestando el lugar que tenéis preparado a las ovejas, que os siguen fieles en este mundo: haced que no nos extraviemos del camino que debe conducirnos al real Palacio en que reináis, en donde tomando posesión del asiento, que se nos señale según nuestros méritos, vivamos eterna y felizmente en vuestra amable compañía. Amén.
   
Se reza un Padre nuestro, cinco Ave Marías, y un Gloria Patri.

viernes, 29 de septiembre de 2023

MES DE LA DIVINA PASTORA – DÍA VIGÉSIMONOVENO

Tomado de La Divina Pastora, o sea El rebaño del Buen Pastor Jesucristo guiado, custodiado y apacentado por su divina Madre María Santísima, escrito por fray Fermín de Alcaraz (en el siglo Fermín Sánchez Artesero) OFM Cap., Misionero Apostólico, e impreso en Madrid por don Leonardo Núñez en 1831, con aprobación eclesiástica. Por cada Consideración, Afecto y Oración hay concedidos 280 días de Indulgencia por el Nuncio Apostólico, el Arzobispo de Santiago de Compostela y otros Prelados.
 
DÍA VIGÉSIMONOVENO
«Et álias oves hábeo, quæ non sunt ex hoc ovíli, et illas opórtet, me addúcere… et fiet unum ovíle, et unus Pastor» Joann., cap. 10, v. 16. Tengo también otras ovejas que no son de este aprisco: es necesario que yo las traiga á él, y entonces resultará… que solo hay un aprisco, y un Pastor.

En este día se nos manifiesta que la solicitud pastoral de la Madre del buen Pastor Jesucristo, no reconoce términos ni límites, y así se extiende aun a procurar la salvación de aquellas almas que envueltas en las obscuras sombras de la infidelidad, se hallan fuera del redil de la Iglesia Católica, sobre lo cual,

1º Considera lo primero, que además de las ovejas que esta Divina Pastora mira como suyas propias, que nadie podrá quitarlas de su mano y que pertenecen al rebaño de la católica Iglesia; asegura que también tiene otras, las cuales aunque se hallen fuera de él, serán reducidas con su pastoral solicitud al redil místico en donde custodia a las demás, y por esto las nombra ovejas suyas, a pesar de que aun no hayan entrado en él. Estas son ciertamente los gentiles, que engañados con las falsas y groseras ideas de la Idolatría, no han encontrado aún la puerta por donde se entra al redil seguro de la Iglesia Católica, a la que son llamados todos por la voluntad amplísima del Redentor, que quiere que todos los hombres sean salvos, y que vengan al cono, cimiento de la verdad (Ep. 1 a Timoteo, cap. 2, v. 4). Llamándolas ovejas suyas, nos anuncia la vocación y conversión de los gentiles, para manifestar que es Reina y Pastora de todas las gentes; y que su voluntad de apacentar, custodiar, dirigir y ejercitar las demás funciones de verdadera y legítima Pastora se extiende a todos cuantos incluyó la voluntad de su Santísimo Hijo, para que participasen del fruto de su redención, que son todos los que se originan de Adán sin distinción de clases, reinos ni naciones. Pondera cuán justa y propiamente llama suyas nuestra Santísima Pastora a estas ovejas; pues habiendo su Divino Hijo aceptado su misión divina y nacido de lo alto para visitar y hacer la redención de su pueblo: habiéndolo rescatado de la esclavitud del demonio, con un precio tan grande y estimable (Ep. 1 a los Corintios, cap. 6), como era el sacrificio de su santísima humanidad formada en el vientre purísimo de nuestra Madre Pastora, y siéndole dadas por herencia legítima todas las gentes y los términos todos de la tierra (Ps. 2, v. 8); entró también nuestra Pastora a la participación de esta herencia de éste su Hijo legítimo, no solo por el título de Madre suya, sino también por haberle ayudado en su redención, y prestado su consentimiento a la embajada del Ángel Gabriel. El cual, dice Santo Tomás (Suma Teológica, parte 3, cuestión 30), aguardó la resolución de María, que representaba la naturaleza humana, para que con atención a ella, se realizase el desposorio espiritual del Hijo de Dios con nuestra carne. Y además, porque si el precio con que fuimos redimidos fue la Sangre del Verbo humanado, esta moneda se la dio nuestra Pastora, y por esto dice que su fruto es de más valor que el oro y las piedras preciosas (Prov., cap. 8, v. 19). Y finalmente, porque entregando a su Hijo al sacrificio, y presenciada su muerte afrentosa, padeció en su espíritu cuanto el Hijo sufrió en todo su cuerpo (San Buenaventura, De la compasión de la Virgen, libro 1). Así, pues, como nuestra Madre Eva trajo el castigo a todo el mundo, así la Madre del Salvador nos trajo la salud. Si Eva fue autora de nuestra general ruina, María lo fue del mérito universal (San Agustín, sermón 8). María por último, deseó la salud de todos, la intentó y la consiguió (Ricardo, Sobre los Cánticos, cap. 26): por cuya razón puede decirse que María salvó lo que Eva condenó (Inocencio III, Sermón II sobre la Asunción).
  
AFECTOS
¡Oh bienaventurada Pastora! ¿Quién podrá satisfacer dignamente el derecho que tienes a nuestro reconocimiento, por haber socorrido al mundo perdido con tu beneplácito y consentimiento para la Encarnación del Verbo eterno, que venía a librarnos del cautiverio del demonio? ¿Cómo será capaz nuestra fragilidad de tributarte las alabanzas de que eres digna por haber encontrado en ti el género humano la entrada a los apriscos del Pastor Supremo? Las gentes que dormían en las tinieblas y sombras de la muerte, viéndote resignada en la voluntad del Altísimo, ven abrirse para ellas las puertas del Cielo cerradas desde el primer pecado. Todo el mundo cautivo esperaba este día de salvación, en que siendo tú guarda de nuestra fe, se borrasen las culpas del primer padre (San Bernardo, Sermón 7). Con razón fijan en ti sus ojos todas las criaturas, porque en ti, y por ti, creó de nuevo el Omnipotente cuanto había formado en la tierra (San Bernardo, Sermón 2 después de Pentecostés).
    
Pueblos y Naciones del Universo, ya podéis enjugar vuestras lágrimas y aclamaros felices y dichosos, sabiendo que esta Pastora os cuenta en el número de las ovejas redimidas por su Hijo. Levantad vuestras cabezas oprimidas con el yugo del Demonio, y fortificad vuestros corazones tímidos, porque el Cielo os da en ella una cooperadora de vuestra redención, que es la paz, el gozo y la salud del mundo, la mediadora gloriosísima y la conciliadora del cielo con la tierra (San Efrén, Oración a la Santísima Virgen). Celebrad con alegría la grandeza de esta Hija de Sion, que despojó al Infierno de sus víctimas, y hermanó a la justicia con la misericordia. Vuestros cánticos resonarán en el piadoso Corazón de esta Madre, y mirando a los hombres como a ovejas suyas, podrán todos seguramente invocar su protección. Ella endulzará vuestras penas, y las miserias de vuestro destierro. Asegurados de su amor, tened por cierto que ya no habrá quien os eche de su rebaño si vosotros no queréis huir de él, porque esta piadosa Señora jamás abandona a los que recibió por hijos.
   
2º Considera lo segundo, la misericordia amplísima de esta Divina Pastora con las ovejas que no están en su aprisco, las cuales dice que hallándose en situación tan triste, le pertenece a ella el traerlas a él para formar un solo rebaño dirigido por un solo Pastor. En consecuencia de esta solicitud pastoral, no perdona diligencia, no rehúsa trabajo, ni escasea medios y arbitrios para traer a sí a estas ovejas extraviadas. Ella las ve puestas en manos de pastores mercenarios, que engañándolas con falsos dogmas, y con ritos supersticiosos, no son pastores para regirlas y salvarlas, sino para robarlas, para sustraerlas del rebaño del verdadero Pastor, y después de despojarlas de toda su sustancia, sacrificarlas, matarlas y conducirlas al fuego del Infierno. Compadecida esta tierna Pastora de ver a estas sus Ovejas conducidas entre tinieblas por continuos resbaladeros y empujadas por sus falsos sacerdotes para que caigan en abismos de que no puedan levantarse (Jerem., cap. 23, v. 12), extiende sobre ellas sus cuidados y amor pastoral: no las pierde de vista para que tengan vida, y la tengan con abundancia (Joann., cap. 10, v. 10), lo cual no pueden conseguir sino reconociendo y adorando al único y verdadero Dios, y a su único Hijo, enviado desde su diestra para iluminar a todos los que estaban de asiento en las tinieblas y sombras de la muerte. Con este fin procura esta Divina Pastora que la verdad del Evangelio resuene en todos los extremos de la tierra, y en ellos sean anunciadas las palabras de vida que el Padre reveló por la boca, primero de los Profetas, y después por la de su propio Hijo (Epístola a los Hebreos, cap. 1, v. 12), enviando Apóstoles y Predicadores, que diesen noticia de la redención a las gentes que no conocían, ni a esta Divina Pastora, ni a su Divino Hijo, de cuyo ministerio tampoco quiso exceptuarse la misma Señora; y a esto alude lo que dice a su Esposo en los Cantares (Cánt., cap. 7, v. 11): «Ven, querido mío, salgamos al campo, y moremos en las granjas; pues como los gentiles se hallan fuera de los muros de la ciudad santa, que es la Iglesia, se hace preciso salir a buscar a estas ovejas errantes por los montes, como que degeneraron en bestias irracionales». Admira los frutos abundantes que esta Divina Pastora ha cogido en toda la extensión de la tierra con su cuidado pastoral sobre los gentiles, viendo que en las llanuras y en las montañas, en los poblados y en los desiertos, pasaron estas reses a lo interior de su aprisco por mano del legítimo Pastor, que tenia cuenta de ellas (Jerem., cap. 33, v. 13). Las gentes feroces se domesticaron, sus errores se disiparon con la luz de la revelación, se desarmó y quedó vencido el Príncipe del mundo, y sus ministros quedaron sin virtud para dañar; en términos que pudieron ya habitar juntos el Lobo y el Cordero (Isai., cap. 11, v. 6).
  
AFECTOS
¡Ovejas conquistadas por la solicitud de la Pastora Divina, pensad con alegría que sois ya su pueblo de adquisición, redimido de la cautividad del demonio, no con el valor corruptible del oro, sino con la preciosa Sangre que el Verbo eterno recibió para vuestro bien en el vientre purísimo de esta Virgen! Ya no será posible que haya entre vosotras alguna de tan dura cerviz que resista el venir al rebaño donde esta Pastora quiere reunirlas a todas; antes bien, cuando experimentéis la dulzura y la suavidad de sus pastos deliciosos, es bien seguro que se os harán gustosos los lazos que os detendrán, para que no salgáis de su redil místico. Su nombre se hizo amable a todas las gentes, con sus maravillas quedaron asombradas, y su palabra las ha sujetado a la ley del Evangelio. Los Reyes de la tierra han reconocido su poderosa protección, le han rendido sus cetros, y han colocado a sus pies sus coronas y diademas. Regocijaros, ¡almas santas!, al recordar estos triunfos que vuestra Pastora ha conseguido por su celo pastoral, en beneficio de los redimidos por la Sangre de su Hijo.
   
Yo os doy gracias, ¡oh Pastora Santísima!, porque esta solicitud se extiende no solo a las ovejas fieles que moran en el aprisco de la Iglesia Católica, sino también a todos cuantos descienden de Adán; pues no hay nación tan bárbara ni pueblo tan feroz a quien no ames con amor de Madre, y le proporciones las gracias suficientes para conseguir su salvación, si ellos quisieran aprovecharlas. ¡Ah!, vuestra bondad es grande, vuestro amor incomprensible, y vuestra misericordia a nadie exceptúa. ¡Pobres Idólatras! ¡Desgraciados infieles!, que vivís ignorando aún cuál sea vuestro verdadero Dios, es digno de compasión vuestro estado: venid a esta vuestra Pastora, y ella os hará conocer la verdad, os sacará del estado infeliz en que os halláis, y os santificará rociándoos con la Sangre del Cordero que os redimió. Preciso es que no tengáis corazón de carne, ni sentimientos de recta razón, si os resistís a los llamamientos de esta Pastora que trabaja tan solícita por traeros a su rebaño, cuando vosotros solo habéis pensado hasta ahora en ofender a su Hijo y despreciar su redención; mas entretanto que nosotros, ¡oh Madre tierna!, lloramos esta obstinada ceguedad en que hoy viven tantos hombres, os amaremos, y os bendeciremos como a nuestra Pastora, puesto que Vos nos amáis como a ovejas queridas.
            
ORACIÓN
¡Oh benignísima Pastora! Luz del mundo y reconciliadora de los hombres, compadeceos de tantos infelices hijos de Adán que sin estar en el gremio de la Iglesia Católica, se ven por consiguiente fuera del redil de vuestro Hijo; y sin encontrar la puerta para la vida eterna, se hallan envueltos en errores y vicios abominables. No puede vuestra clemencia ver sin dolor que estas almas, compradas con la Sangre de vuestro Hijo, sean por esto pábulo de las llamas eternas. Os rogamos, Señora, que derraméis sobre ellas las luces del Divino Espíritu con que sean disipados sus errores; y entonces, agradecidas a la protección que las dispensáis como Pastora de ellas, formemos todos un solo rebaño en este mundo, gobernado por un solo Pastor, y en el otro os alabemos igualmente unidos por toda la eternidad. Amén.
   
Se reza un Padre nuestro, cinco Ave Marías, y un Gloria Patri.

jueves, 28 de septiembre de 2023

MES DE LA DIVINA PASTORA – DÍA VIGÉSIMOCTAVO

Tomado de La Divina Pastora, o sea El rebaño del Buen Pastor Jesucristo guiado, custodiado y apacentado por su divina Madre María Santísima, escrito por fray Fermín de Alcaraz (en el siglo Fermín Sánchez Artesero) OFM Cap., Misionero Apostólico, e impreso en Madrid por don Leonardo Núñez en 1831, con aprobación eclesiástica. Por cada Consideración, Afecto y Oración hay concedidos 280 días de Indulgencia por el Nuncio Apostólico, el Arzobispo de Santiago de Compostela y otros Prelados.
 
DÍA VIGÉSIMOCTAVO
«In páscuis ubérrimis pascam eas, et in móntibus excélsis Ísraël erunt páscua eárum: ibi requiéscent in herbis viréntibus, et in páscuis pínguibus pascéntur» Ezeq., cap. 34, v. 14. En pastos muy fértiles las apacentaré, y estarán sus pastos en los altos montes de Israel: allí sestearán entre la verde hierba, y quedarán saciadas con los abundantes pastos.

En este día se nos manifiestan la variedad y naturaleza de los pastos con que la Madre del buen Pastor alimenta a sus ovejas, sobre lo cual,

1º Considera lo primero, que como el nombre de Pastora se origina de apacentar, y como el que es pastor debe proporcionar pastos saludables a su grey, por lo mismo esta nuestra legítima y verdadera Pastora, cumple diligentemente con esta obligación propia de su oficio, y asegura que apacentará por sí misma a sus ovejas, las proporcionará pastos fértiles y abundantes, producidos entre la frondosidad de los altos montes de Israel, en donde, y con los que quedarán saciadas y satisfechas. Estos pastos pingües, saludables y gustosos, con que la Divina Pastora dice que alimenta a sus ovejas, son de varias calidades, según que lo exige la necesidad de ellas mismas. No son estos manjares materiales con que puedan recrear sus sentidos y deleitar su concupiscencia, pues las ovejas de María usan de una comida y bebida invisible, que no puede verse por los hombres, a la manera que dijo San Rafael a Tobías (Tob., cap. 12, v. 19). Sus propias virtudes son primeramente las que nos ofrece como bebida y comida, propia de Ángeles (Novara, cap. 9, v. 2). Pues al decir de San Bernardo (Sermón 76 sobre los Cánticos): «El solícito pastor debe procurar a su grey pastos de sus buenos y propios ejemplos para que se nutra, porque los ajenos no la engordan». En este campo ameno y delicioso, en el cual no pue de entrar el germen venenoso que pudiera inficionar sus producciones, por ser el huerto cerrado por mano del Omnipotente, es en donde las ovejas de María encuentran hierbas saludables, dulces y sabrosas, con que se robustecen sus almas al tiempo que se recrean: tal es su abrasada caridad para con Dios y el prójimo. Encuentran otras amargas con que purifican los vicios de la digestión, contraídos por los gustos dañosos de los sentidos: tales son su paciencia, resignación y conformidad en las adversidades de la vida. Otras substanciosas que las fortalecen para emprender cosas arduas y difíciles, como las practicó esta verdadera Mujer fuerte. Y otras finalmente de fácil digestión, acomodadas a la debilidad y flaqueza de ciertas ovejas, que por lo mismo excitan su compasión y su misericordia. Considera además, que necesitando las ovejas aguas puras y limpias, para facilitar la digestión de estos pastos, ella misma se hace fuente abundante, con que se riega la tierra estéril del corazón humano, y produce frutos sazonados de virtudes (Ricardo, lib. 9). Estas aguas las comunica nuestra Pastora por el conducto de la palara divina, que procura se les anuncie por los operarios del Evangelio, cuya palabra recibida y conservada en el corazón, tan cuidadosamente como la guardó esta Madre de Dios, produce a su tiempo frutos en paciencia y en todo género de virtudes.
  
AFECTOS
El redil, ¡oh Divina Pastora!, en donde viven tus ovejas olvidadas e ignoradas del mundo, y desconocidas en la tierra, les ofrece una suerte verdaderamente feliz, porque en él se remedian todas sus necesidades. Desde aquel abrigo santo en que fijan su morada: en este Santuario de tu maternal misericordia, en donde se alimentan con los pastos suavísimos de tus virtudes, cobran ánimo y robustez para subir al monte santo del Señor. De allí sale el río de aguas puras y refrigerantes, con que apagada la sed ardorosa de las pasiones, curan de sus males y se preservan de los asaltos de la muerte. ¡Agua abundante de dulzura, y de paz, que llena de gustos santos a los que la beben! ¡Y pastos saludables, que mantienen robustas a cuantas almas viven bajo la protección pastoral de María! ¡Ah, dulcísima Pastora! ¡Con qué profusión distribuyes a mi alma estos alimentos preciosos! Yo me deleito en su abundancia, y es tal la fortaleza que con ellos adquiero, que ya me atrevo a desafiar a todos los enemigos de mi salvación: aunque todos se reúnan contra mí, no me son ya temibles.
    
Y a la verdad, ¿a quién podrán ya temer aquellas almas a quienes Vos, como Pastora, apacentáis y sustentáis? Vos, Pastora Santísima, veláis sobre ellas durante la noche, las cuidáis desde el amanecer, y en todo el día vais en pos de ellas sin perderlas de vista. Vos combatís, y ahuyentáis al dragón infernal, cuando pretende inquietarlas: las colmáis de vuestros dones, y reguláis sus pasos en todos sus caminos: con los manjares que como Pastora les proporcionáis, corroboráis su natural flaqueza, y curáis los males de su viciada complexión. Si ellas se acobardan, las dais vigor: y si se detienen en seguiros, las animáis para que os sigan: si se ven caídas, Vos las levantáis, y así finalizan gloriosamente su carrera. ¡Oh, Divina Pastora!, las ovejas apacentadas por Vos, recogen con alegría los frutos de vuestra protección sobre ellas. ¡Felices, pues, y dichosas las que moran en tal rebaño! ¡Y más felices, cuando entren en los tabernáculos eternos, libres ya de experimentar las debilidades de la humana condición, y dejando en el mundo a sus enemigos confundidos con sus planes de perdición.
   
2º Considera lo segundo, que según San Bernardo, está ordenado por Dios, que todo cuanto su liberal mano dispensa a los hombres, pase primero por las de María: por consiguiente, no solo los pastos ya dichos, con que nos hemos de sostener, han de ser distribuidos por esta diligente Pastora; sino que también hemos de recibir de su mano el principal alimento de nuestras almas, del cual el que no come y bebe, ni puede tener vida ni entrará en los rediles de la gloria. Este alimento sobresustancial en que está depositada nuestra vida, en quien debemos considerar el prodigio de todas las maravillas del Dios Omnipotente, el compendio de todos sus beneficios y la prenda segura de sus promesas, es el Sacramento augusto de la Eucaristía, el cual por una especial razón lo debemos juzgar recibido de mano de esta purísima Pastora. Habiendo tenido esta Señora en la Encarnación de aquel verdadero Agnus Dei una parte tan principal, como que de su propia sangre y sustancia se formó el cuerpo que real y verdaderamente reside en el Augusto Sacramento: y habiéndola tenido igualmente en el sacrificio de este Cordero inocente, que desde los Altares se nos da por alimento de nuestras almas, como que ella misma lo ofreció por víctima de expiación y lo acompañó en su sacrificio, padeciendo igual muerte en su espíritu; no puede dudarse de que esta Pastora es el Arca sacrosanta en que está encerrado este pan de los Ángeles, y que cuando se abre para distribuirlo a sus hijos, es con intervención suya, como dispensadora que es de los dones del Altísimo. Pondera aún más: que ningún otro pastor, fuera de su Divino Hijo, llevó el amor a sus ovejas hasta el extremo de alimentarlas con su propia carne y sangre, como lo hace nuestra caritativa Pastora, siendo (como lo es) la carne de Jesucristo parte del cuerpo virginal de María. De la carne de esta Señora, dice San Agustín, recibió carne el Verbo Eterno, y por esto cuando éste se nos da a comer para nuestra salud, nos da María su propia carne (Comentario sobre el Salmo 98). Es una misma carne la que nació de la Virgen María, y la que se nos da consagrada con la apariencia de pan (Luis de Blois, Sobre la Eucaristía, cap. 1); y siendo el Hijo parte del Padre y de la Madre (Artistóteles, Ética, cap. 4), es consiguiente que los que reciben el Cuerpo y la Sangre del Hijo, reciben también una gran porción de la sustancia de la Madre. Intérnate, alma mía, más y más en esta consideración, y conocerás que aun los pastos con que nuestras almas se alimentan en todos los otros Sacramentos, son pastos nacidos en los altos montes de la eminente santidad de María. Todo el decoro y gravedad de los Sacramentos de la Iglesia, dice San Bernardino de Siena (Tomo I, sermón 61), consiste, se perfecciona y nace de la carne virginal de María, y así son parte de su propio cuerpo: el fundamento de esta sentencia es, que todos los demás Sacramentos se ordenan, como a su último término, a la Eucaristía, que es el más excelente entre los Sacramentos.
  
AFECTOS
Advertid, ovejas de María, cuánto debéis a esta clementísima Pastora, Madre del buen Pastor, y cuán fervorosas deben de ser las gracias que la debéis dar, después de haberlas rendido también a este Señor. Aquel mismo Cuerpo que esta purísima Pastora engendró en su vientre, que se formó y se nutrió en su seno virginal, que dio a luz sin detrimento de su pureza e integridad, que envolvió en pobres paños y colocó en un pesebre, y que sustentó con su maternal sustancia; este mismo es el que nos ofrece para nuestro alimento, teniéndolo depositado en nuestros Altares, para que nunca padezcamos hambre de él. ¡Ah, no son bastante las lenguas de los hombres para engrandecer debidamente su solicitud pastoral! ¡Quién pudiera persuadirse, que para alimentarnos como ovejas suyas, había de ofrecernos este pasto delicioso, producido en sus mismas entrañas! Alabad la generosidad y magnificencia de vuestra Pastora, que os ofrece por comida a aquel Verbo Eterno, que después de tomar forma humana, dice de Sí mismo: «Yo soy el pan vivo que descendí de los cielos: el que me come, jamás verá la muerte» (De San Pedro Damián, Sermón de la Natividad de María).
   
Sí, piadosa Pastora, después que nos agregaste a tu rebaño, y te hiciste nuestra Madre, no permites (como hacen muchas otras madres) que seamos entregados a mujeres extrañas para sustentarnos y criarnos, sino que tú misma tomas la molestia de tenernos en tus brazos, y con un amor que supera al de las madres más cariñosas, nos das por alimento el Cuerpo y Sangre de tu Hijo: por consiguiente, nos alimentas de tu propia sustancia, y así viviendo de la vida de Jesucristo, vivimos también de tu espíritu, y de tu vida. ¡Qué oveja de María rehusará ya el acercase para recrearse en estos dulces pastos, preparados para ellas por el amor de su Pastora, y producidos de su misma carne y sangre! Llegad, pues, sin recelo, ovejas de María, bebed de esta agua saludable, y comed de estos pastos sabrosos, pues en ellos encontrareis tanto bien, y tanta gracia, que seáis una cosa con vuestro Pastor.
            
ORACIÓN
¡Oh, clementísima Pastora! Siendo yo como soy la menor entre vuestras ovejas, no recelo ser despedida cuando me acerco a alimentar mi alma con los pastos que ofrecéis a vuestro rebaño. Yo reputaría esto por un atrevimiento de parte mía, considerando lo indigna que soy de tanto bien por la multitud de mis pecados; pero se anima mi pequeñez, cuando os oigo decir (Cánt., cap. 5, v. 1): «Comed, amados míos, y bebed hasta saciaros de mis manjares»; y pues me convidáis con un amor más que de Madre, excitad en mi alma el hambre espiritual, para que llegando hambriento, y desocupado mi espíritu de todo manjar terreno, me sacie de los del cielo, y de un solo bocado reciba la gracia, la salud y la vida eterna. Amén.
   
Se reza un Padre nuestro, cinco Ave Marías, y un Gloria Patri.

miércoles, 27 de septiembre de 2023

MES DE LA DIVINA PASTORA – DÍA VIGESIMOSÉPTIMO

Tomado de La Divina Pastora, o sea El rebaño del Buen Pastor Jesucristo guiado, custodiado y apacentado por su divina Madre María Santísima, escrito por fray Fermín de Alcaraz (en el siglo Fermín Sánchez Artesero) OFM Cap., Misionero Apostólico, e impreso en Madrid por don Leonardo Núñez en 1831, con aprobación eclesiástica. Por cada Consideración, Afecto y Oración hay concedidos 280 días de Indulgencia por el Nuncio Apostólico, el Arzobispo de Santiago de Compostela y otros Prelados.
 
DÍA VIGESIMOSÉPTIMO
«Ego vitam ætérnam do eis: et non períbunt in ætérnum, et non rápiet eas quísquam de manu mea» Joann., cap. 10. v. 28. Yo doy a mis ovejas la vida eterna; y no se perderán jamás, y ninguno las arrebatará de mi mano.
    
La Divina Pastora forma su familia de sus propias ovejas: las sella con su propio nombre; y este sello es un signo de salvación eterna, contra el cual no tiene fuerza alguna el dragón infernal, sobre lo cual,
   
1º Considera lo primero, que mirando a nuestro modo el orden de los decretos del Omnipotente en la formación de sus criaturas, vemos que nuestra Pastora Divina fue la primogénita ante todas ellas: y que si María hizo nacer la luz indefectible Jesucristo, por cuya consideración fueron creadas todas, parece que esta Señora no debió estar excluida en el modo posible de esta regalía peculiar del Verbo encarnado. Esto supuesto, figúrate, alma mía, formada esta Virgen según los decretos de la voluntad Divina, clasificada con toda la dignidad que sobre todas las criaturas se la debía por el sublime objeto con que era producida; y por consiguiente, con todo el lleno de imperio y de dominio sobre todo lo que Dios había de obrar fuera de Sí. En el momento era ya preciso que el Creador, que todo lo hizo y dispuso sabiamente, la señalase la familia o servidumbre que era debida al obsequio y servicio de esta Reina sobre todas las reinas del Universo, y que esta familia se escogiese entre aquellas criaturas que el Dios, que todo lo penetra, veía ser de una voluntad mas pronta para servir a esta su Reina y Señora. Esto era así conducente, para que esta Señora conservase toda la dignidad de Soberana, y para facilitarle el más pronto y rendido obsequio de sus sirvientes y domésticos, a los cuales, con este fin se les hace entender que todo los bienes y gracias que les dispensa la mano generosa del Omnipotente por sus servicios, deben recibirlas por mano de la Señora a quien sirven. Advierte, alma mía, que esta familia destinada por Dios para tanto bien y para honor tan estimable, son las ovejas que moran en el redil místico de esta Pastora. Esta elección no la entendimos nosotros enteramente, hasta que fijando el Señor sobre nosotros sus ojos de misericordia y haciéndonos conocer la Divina Pastora cuán suave y dulce es el yugo que nos impone, nos acogimos gustosos a su rebaño, para no salir de los límites que Ella señala a sus ovejas. Esto las da cierta seguridad, de que al formar el Omnipotente el libro de la vida, se escribieron en él los nombres de las ovejas de María, de quienes dice ella misma en persona de su Hijo: Que nadie será capaz de quitárselas de la mano. Esta firmísima confianza que debes tener, siendo oveja de María, se confirma sabiendo que en sus manos depositó su Hijo el tesoro inagotable de sus méritos: que por respeto de Madre, nada se le niega de cuanto pide; y que por su Esposo, se la manda echar raíces entre sus escogidos (Eccles., cap. 24, v. 13): por cuya razón, dice San Anselmo (En San Antonino, pág. 4, tít. 15), que así como es imposible que se salven aquellos de quienes aparta María sus ojos, así no pueden menos de ser glorificados aquellos de quienes no aparta su vista. ¿Y en quién mejor pone sus ojos esta Señora, que sobre sus ovejas, sobre quienes vela de continuo cual solicita Pastora?
  
AFECTOS
¡Ovejas de María! Al considerar la dicha que os cabe desde que el Dios misericordioso os eligió para componer la familia, formar la corte y prestar un debido y razonable obsequio a la Reina de los cielos y la tierra, Madre del Verbo Eterno, vuestras almas deben inundarse de un gozo y alegría que os enajene de todas las glorias del mundo. Sois ovejas de María, la que haciendo de vosotras esta honrosa elección, inclinó a la voluntad Divina a que escribiese entre los predestinados a todos los que habían de ser sus domésticos. Vosotras sois, en clase de ovejas, las más humildes y pequeñas entre sus familiares; pero gozaros de que entre las ovejas de esta Señora, los últimos son los primeros, y los primeros son los últimos. Gloríense aquellos que constituyen su gloria en la privanza y elección de los grandes y poderosos monarcas de la tierra, vuestra gloria consiste en ocupar el lugar último entre los habitantes de la casa de María, para servirla tanto más fiel y santamente, cuanto es mayor la condición humilde en que os halláis.
   
No se aminore vuestra confianza, creyendo que por esto no os sea lícito aspirar a la dignidad excelsa de hijas de María; antes bien, la clase humilde de ovejas debéis mirarla como un escalón para subir a ella, así como a vuestra Pastora el reconocerse y llamarse sierva del Señor la hizo más digna de ser Hija del Padre Eterno, Madre del Verbo increado y Esposa del Espíritu Santo: «porque miró Dios (dice esta Señora) la humildad de su sierva, obró en mí cosas grandes el Omnipotente, y me aclaman feliz todas las generaciones». Siendo ovejas de la Madre del buen Pastor, estad seguras de vuestra eterna dicha, porque ni el honor del Hijo, ni la naturaleza de la Madre, pueden permitir que sus ovejas sean entregadas al Lobo infernal. Tiene esta Señora sobre su familia un derecho especial dado a ella por su Hijo, y en su virtud erige un tribunal de misericordia para juzgarla; y así, si el rigor de la justicia Divina, que ha de juzgar a la santidad misma, cerrase la puerta del cielo, tenemos abierta esta ventana, por donde se nos franqueará la entrada a los que pertenecemos a su rebaño.
      
2º Considera lo segundo, que los Pastores tienen siempre cuidado de imprimir un sello sobre todas sus ovejas para conocer las que son suyas e impedir el que, equivocándose con las ajenas, pueda alguno alegar derecho para apropiárselas. María, como sapientísima y diligente Pastora, hace lo mismo con las ovejas de su rebaño, para que nadie pueda quitárselas de su mano. Este sello lo vio el Profeta del Apocalipsis y así dijo: «Vi al Cordero sobre el monte Sion, y con él ciento y cuarenta y cuatro mil personas que tenían escrito en sus frentes su nombre y el de su Padre, los cuales cantaban un Cantar nuevo delante de su trono, cuyo cántico nadie lo puede cantar sino los que siguen al Cordero, y que son escogidos de entre los hombres, como primicias de Dios y del Cordero» (Apoc., cap. 13, v. 1, 3, 4). Deduce de aquí, alma mía, cuánta sea la dicha de las ovejas que se ven marcadas con el sello de la Madre de este Cordero de Dios, y cuánta la seguridad que pueden tener de su elección y glorificación. El mismo Profeta dice que el Cordero que está en medio del solio será su Pastor, y los llevará a las fuentes de aguas vivas, y no tendrán que temer el hambre, la sed, ni los calores del estío (Idem, cap. 7, v. 16, 17). Con la esperanza de tanta felicidad prometida a las ovejas marcadas por la Madre del buen Pastor, es justo que todos se apresuren a agregarse al rebaño de esta Señora, y tengan por dicha el verse sellados con el sello de esta Pastora. Considera además, que el sello que distingue a las ovejas de María, es por parte de ellas un signo de fidelidad a su Pastora, así como por parte de esta Señora es un signo de protección tan temible al Lobo infernal, que aun viéndolo a lo lejos, lo estremece, lo ahuyenta y lo hace huir hasta confundirlo en el abismo. «Te tomaré a mi cargo, dice esta Señora a su oveja, como siervo mío, y pondré en ti mi sello porque te elegí» (Ageo, cap. 2, v. 4). Es signo de fidelidad, y como tal debemos llevarlo en nuestro corazón y en nuestro brazo, para no olvidarnos de la gratitud a su amor, y tener siempre presente que pertenecemos a su rebaño. Por lo cual, debemos nosotros testificar nuestra obediencia y fidelidad a esta Señora, diciéndola también: «Te reconoceré por Señora mía, y te pondré en mi brazo, como señal de mi fidelidad, porque te elegí por curatriz y Pastora de mi alma. Llevando, pues, las ovejas de esta Señora esculpido por sello estas dulcísimas palabras: «Ave María», atestiguan su fidelidad a su Señora, de cuya servidumbre, lejos de avergonzarse, nada reputan por más glorioso. Con este signo se hallan las ovejas más seguras en el rebaño de María, que Daniel en el lago de los Leones, sellado por el sello del Rey y de sus grandes (Daniel, cap. 6, v. 16, 17); y por lo tanto, participan del privilegio de los hijos de Dios, a quienes no puede dañar el maligno Lucifer (Ep. 1. Joann., c. 1, v. 18). Es la porción escogida y más ilustre entre los rebaños de Cristo (San Cipriano, Sobre el hábito de las Vírgenes), a quienes mirando el Supremo Pastor con esta señal, conoce que son suyos, y nadie puede quitárselos (Ep. 2. a Tim., cap. 2, v. 19).
  
AFECTOS
Cuando yo paro mi consideración en el rebaño de la Madre del buen Pastor, y lo miro marcado con su dulcísimo nombre, encerrado en su aprisco y custodiado por multitud de Ángeles, que al mismo tiempo asisten al servicio de esta Reina, se eleva mi alma, y se transporta de gozo y de contento. Me parece veo el Sancta Sanctórum, más respetable y santo que el de la ley antigua: marcado yo con esta señal de salud, no temo ya ni a la perversidad del mundo, ni a la malicia de los pecadores ni al furor de los demonios. En vano se conjurarán todos juntos contra mí: aunque se arrojen sobre mí como fieras para devorarme, triunfaré de todos ellos, marcado como estoy con el nombre de mi Pastora: mi alma se hará invulnerable a sus golpes: con este escudo seré fuerte en mi debilidad, opulento en mi indigencia y grande en mis humillaciones: con él pondré en vergonzosa fuga a mis enemigos: el eco solamente del dulce Nombre de María los llenará de terror, y él será el broquel con que lograré tantas victorias cuantas sean las batallas que me presenten.
   
¡Oh, qué asilo para mi alma de tanta seguridad! Tenedme, Pastora amantísima, atado y ligado como esclavo sin libertad en vuestro rebaño: abrid a mi alma la puerta de este aprisco, para que en él viva yo con seguridad: introducidme en vuestra santa casa, y sea yo del número de los que componen vuestra familia, en donde vuestros hijos se ven defendidos de los escollos del mundo, están a cubierto de las pasiones, y ven lecciones prácticas de todas las virtudes. El ejercicio de todas ellas, hará el alimento de mi alma hasta el último suspiro de mi vida, y así mereceré entrar en el torrente de dulzura y de alegría con que son glorificados los Ángeles y los Santos. ¡Con qué placer dejará entonces mi alma la habitación de barro en que ha estado detenida en este mundo, para entrar en aquel reposo, eterno preparado para los que os aman! Éste será el complemento de los favores que espero de Vos, como oveja vuestra; y no obstante que yo me juzgo indigno de él, me atrevo, supuesta vuestra bondad, a prometerme de seguro su consecución: vuestra palabra es el apoyo firme de mi esperanza: Vos me tenéis dicho: «Los que me obsequian, conseguirán la vida eterna».
              
ORACIÓN
Virgen Santísima, en quien reunió el Omnipotente tal cúmulo de dones y de gracias, que haciéndoos para sí Hija, Madre y Esposa, os hizo para nosotros Emperatriz, Reina y Señora, reuniéndolo todo en el nombre y título de Madre del buen Pastor: yo me constituyo gustosamente desde este día vuestro humilde siervo, suplicándoos que os dignéis admitirme en el número de las ovejas que componen vuestra grey, y como tal, borréis el sello de esclavitud con que el Demonio tenía marcada mi alma, y la pongáis otro sello, cuyos suavísimos acentos salieron de los labios del Ángel, que os saludó diciendo: «Ave María». Imprimid en mi alma este sello con tal fuego de amor y caridad, que no se borre hasta el último instante de mi vida, en que presentándome al tribunal supremo y viéndome vuestro Santísimo Hijo marcado con el Ave María, me reconozca por oveja vuestra, y me coloque a su derecha, para gozar de las delicias eternas de la gloria. Amén.
   
Se reza un Padre nuestro, cinco Ave Marías, y un Gloria Patri.

martes, 26 de septiembre de 2023

MES DE LA DIVINA PASTORA – DÍA VIGÉSIMOSEXTO

Tomado de La Divina Pastora, o sea El rebaño del Buen Pastor Jesucristo guiado, custodiado y apacentado por su divina Madre María Santísima, escrito por fray Fermín de Alcaraz (en el siglo Fermín Sánchez Artesero) OFM Cap., Misionero Apostólico, e impreso en Madrid por don Leonardo Núñez en 1831, con aprobación eclesiástica. Por cada Consideración, Afecto y Oración hay concedidos 280 días de Indulgencia por el Nuncio Apostólico, el Arzobispo de Santiago de Compostela y otros Prelados.
 
DÍA VIGÉSIMOSEXTO
«Ego te cognóvi in desérto, in terra solitúdinis. Juxta páscua sua adímpleti sunt, et saturáti» Osee., 13. v. 5, 6. Yo te reconocí por hijo en el desierto, en la tierra estéril; y en estos pastos quedaron satisfechos mis ganados.
  
En este día debemos examinar las cualidades de las ovejas, para que pueda conocerse quiénes son las que pertenecen al rebaño de la Divina Pastora, sobre lo cual,
   
1º Considera lo primero, que las propiedades mismas que la naturaleza inspira a las ovejas que componen los rebaños materiales, son también las que deben copiar en sus almas las que deben componer el rebaño místico de nuestra Pastora; y aun por esto quiso esta Señora, que se distingan con el nombre de ovejas aquellas almas, que ella tiene bajo de su especial protección y amparo. Son muchas y varias estas propiedades: lo primero las ovejas, sobre los otros animales familiarizados con el hombre, apetecen la soledad, los montes y desiertos, y aborrecen el ruido de las ciudades; y según esto dice el buen Pastor por Oseas: «Yo te reconocí por hijo cuando estabas en el desierto, y en la tierra estéril de los gozos mundanos». Y añade San Agustín (Sermón de las Costumbres): «Los que habitan las tierras desiertas, gozan de los coloquios divinos, y unen sus mentes a su Dios». Los experimentados en el oficio pastoral tienen además observado que las ovejas apetecen para su alimento las hierbas amargas, y pastan gustosamente en los campos en que prevalece el salitre. Por esta semejanza, una alma se hace más digna de ser reputada por oveja de María, cuanto más ama la aflicción corporal y la mortificación de los sentidos, y halla sus delicias en las amarguras de la vida. El mismo balido da la oveja cuando salta alegre y contenta por los prados, que cuando la hieren, la golpean o llevan al matadero: lo cual es símbolo de la igualdad de ánimo que, así en lo próspero como en lo adverso, deben conservar las que se dicen y son ovejas de María. Por esto canta la Iglesia, y dice que los Mártires son sacrificados a manera de reses de ganado (Himno de los Mártires). La oveja además es tímida y cobarde sobre los otros animales, y ésta es la propiedad del justo, de quien dice Salomón (Prov., cap. 24, v. 14): «Bienaventurado el que siempre está temeroso». Además, entre toda clase de ganados no hay ninguno más débil, ni más indefenso, que las ovejas: ellas ni tienen dientes para morder, ni uñas con qué despedazar, ni astas con que herir, ni veneno con que matar, y por lo mismo son la figura más expresa de una alma justa perteneciente al rebaño de María, la cual es bienaventurada porque es pacífica (Matth., cap. 5, v. 9), y a nadie puede dañar. Enseña además la experiencia, que cuando alguna oveja descarriada del rebaño anda errante de una parte a otra, no cesa de balar triste y afligida, hasta que oyendo la voz del pastor que la llama, vuelve a reunirse con sus compañeras; y si se mira lejos de su aprisco, se llena de miedo y de temor. Este es un signo que distingue a las ovejas de María. Si alguna se aparta por el pecado de la recta senda de la ley de Dios, inmediatamente se llena de temor, advirtiendo el interior remordimiento de su conciencia: teme ser oprimida por la justicia divina; y no cesa éste su temor, hasta que obedeciendo la voz de su Pastora, corre a los pies del confesor, se purifica de su infidelidad y vuelve a la obediencia de los preceptos divinos.
  
AFECTOS
Una alma obediente a los mandamientos de Dios, humilde, dócil, sufrida, mortificada y exenta del dominio de Lucifer, tiene sin duda un derecho para pertenecer al rebaño de la Madre del buen Pastor. ¿Cómo será posible, Madre mía, que una criatura así justa, deje de ser objeto de complacencia a tu Corazón maternal? Ella sin duda hace tu gozo y tus delicias. Los tesoros de la Sangre de tu Hijo, puestos en tus manos, se abren, y tú se los comunicas para enriquecerla, y aumentar su hermosura. ¡Feliz por lo tanto, y dichosa aquella alma que sabe por su fidelidad, hacerse digna de pertenecer a tu rebaño! Almas puras, que en clase de ovejas lográis ya esta dicha, acercaros, y jamás os separéis de este santuario de felicidad: él se formó para vuestra defensa: en él hallareis el necesario preservativo contra los contagios del siglo. Nos acobarda, sin embargo, el temor de que viviendo en una tierra cubierta de los vapores malignos del pecado, abusemos de tus dones, y degeneremos de la santidad de ovejas tuyas.
   
Pero tú, ¡oh poderosa Pastora!, eres la defensora invencible de tu grey, y con tu protección no se perderá ninguna de las ovejas que te encomendó tu Hijo. Agradeced, ovejas todas de María, a vuestra Pastora esta caridad con que vela por vuestro bien. Ella os escogió entre millares de criaturas para hacer de vosotras una gente santa, documentada por sí misma con lecciones de vida eterna. Su ternura, su compasión, su misericordia, os recrea cuando sois fieles ovejas suyas: os reprende y os corrige cuando degeneráis de tales: os castiga, cuando ingratas os separáis de su compañía para rendiros al vicio: y usa de todos los medios que le sugiere su amor, para cautivaros bajo su dulce y amable imperio. ¿Seréis tan ingratas, que os desnudéis de las cualidades de ovejas suyas, para tomar la insignia vergonzosa de siervas del demonio?
   
2º Considera lo segundo, sobre las demás cualidades que distinguen a las ovejas de los otros animales, que éstas se muestran agradecidas a sus pastores por el esmero y diligencia con que las cuidan, dejándoles aun a sus propios hijos para que se utilicen de ellos, y tal es la gratitud que deben tener á su Pastora las ovejas de María, pues como dice Nicolás de Lira (Comentario sobre San Juan, cap. 10, v. 14), los que son verdaderamente fieles, conocen los beneficios de Dios. Las ovejas se aman unas á otras, y aman también a su Pastor; y esto nos enseña la caridad que las ovejas de María deben tener para con Dios, y para con el prójimo, lo cual es un signo de predestinación, y por esto dice San Agustín (Tratado 3.º sobre el Evangelio de San Juan): Que el amor es el que distingue a los hijos de Dios de los del diablo. Las ovejas obedecen a un silbido de su pastor, al movimiento de su mano, o a su primera voz; de suerte que en el momento que la oyen, o advierten su señal, dejando los pastos en que se recreaban, o retrocediendo de las sendas por donde iban, vienen llenas de alborozo a presentarse a sus órdenes (Ps. 99, v. 2). Esta conformidad con la voluntad divina, y esta renuncia de la voluntad propia, es el distintivo más propio de las ovejas de María. Las ovejas cuando ya tienen crecida su lana, se la dejan cortar, para que con ella se cubran otros que carecen de vestido. Así las ovejas de María se conocen por el ejercicio de la misericordia con los necesitados, cumpliendo con el mandato del Evangelio, que dice (Luc., cap. 3, v. 11): «El que tenga dos túnicas, dé una al que no la tiene». Apenas se encuentra otro animal de quien el hombre saque más utilidades que de la oveja: la leche, que por industria del pastor se divide en muchas sustancias sabrosas y de regalo: los corderos, con cuyas carnes nos alimentamos: la lana y las pieles, con que nos vestimos, Por esta razón los elegidos de Dios se significan con el nombre de ovejas, porque siendo abundantes en buenas obras, son dignos de entrar a componer el rebaño del Pastor Supremo. Finalmente, en la oveja puso la Providencia un recurso generalísimo para el surtido de las necesidades, usos y costumbres de los hombres: los pobres se visten de sus pieles y lanas más bastas: para los nobles y ricos tienen otras más finas, buscadas a gran precio, con cuyos paños y telas se honran aun los mismos Monarcas: de sus tripas se forman cuerdas para los instrumentos que deleitan los sentidos: de sus cueros se hacen pergaminos en que se escriben los diplomas pontificios, las concesiones de los Reyes, y las ejecutorias de los grandes. Y a esta imitación los que son del rebaño de la Madre del buen Pastor, deben, a ejemplo del Apóstol (Ep. 1. a los Corintios, cap. 9, v. 32), hacerse todo para todos, con el fin de ganarlos para Jesucristo, de quienes asimismo dice en otro lugar (Ep. 2. a los Corintios, cap. 3, v. 2): «Vosotros sois nuestra Epístola escrita en vuestros corazones, no con tinta, sino con el espíritu de Dios vivo: no en tablas de piedra, sino en vuestros corazones, porque siendo inocentes y santos, se extienden generosamente como un pergamino, y se imprimen las gracias, dones y privilegios con que Dios los enriquece».
  
AFECTOS
Venid, ovejas de María, haced vuestra morada en el redil de esta Pastora, mirad en él un templo augusto de santidad y perfección: allí habitan los mansos y humildes de corazón: los justos, los pacientes y los caritativos con sus prójimos: las almas compasivas en las necesidades de sus hermanos, cuyos pies están prontos para el cumplimiento de los deberes cristianos, cuyas manos están siempre abiertas para el bien y cerradas para el mal, y sus oídos sordos a la murmuración y la mentira. ¡Ah, qué pureza y santidad de sentimientos son los que ennoblecen a las ovejas de esta Señora! ¡Y qué gracias tan singulares deben esperar ellas de su perseverancia y fiel correspondencia! Su Pastora se ocupará de continuo en proporcionarlas una eternidad feliz. Gozaros, pues, ovejas de María, mientras que camináis por las sendas de la justicia, y compadeced la suerte infeliz de las que andan por los caminos de la iniquidad.
  
Éstas no tienen entrada en el redil de la Pastora Divina. Después que ellas inutilizaron las diligencias de esta piadosa Madre, que mil y mil veces esforzó su amor y su poder para reducirlas a su aprisco; y cumplidos sobre ellas los decretos de la justicia divina, serán arrojadas para siempre de este asilo de salvación. Como en él reposa el espíritu de la verdad, no tendrán entrada las que con el artificio, la doblez y el fingimiento la hacen traición, la abandonan por el interés o la ocultan por cobardía. En este aprisco donde la Esposa hace entender su voz al Esposo, no entrarán los espíritus orgullosos y rebeldes, que temerariamente se apropian el derecho de ser oídos como oráculos, cuando con sus voces esparcen densas nubes que desfiguran el error y la mentira, dándolos a beber en las copas doradas de Babilonia. En este asilo de humilde simplicidad no hallarán acogida los genios hipócritas, que aparentando modestia, y virtud, cubren sus vicios con el manto de Religión. ¡Ah! La Divina Pastora solo admite en su grey los corazones rectos, sinceros, fieles, y sencillos por lo tanto no tengáis, ovejas de María, otra regla de vuestra conducta que la verdad: sea vuestra ocupación estudiar en la virtud; y sea vuestra gloria el buscarla con humildad, amarla, y practicarla con fervor.
              
ORACIÓN
Vos, Santísima Pastora, que con admirable dulzura, y amorosa caridad, sois el modelo y la lección práctica con que vuestras ovejas estudian vuestras virtudes y aprenden a copiarlas en sí mismas para hacerse dignas de pertenecer a vuestro rebaño, haced que la consideración de ellas nos haga semejantes a Vos, en el modo posible, y por su práctica vengamos a ser hasta en la eternidad vuestras amadas ovejas. Para conseguir este favor, dadnos un corazón formado según la voluntad de Dios, para que unidos a Él por amor, y atentos también a las necesidades de nuestros prójimos, entremos a la posesión de la bienaventuranza ofrecida a los misericordiosos, la gloria. Amén.
   
Se reza un Padre nuestro, cinco Ave Marías, y un Gloria Patri.

lunes, 25 de septiembre de 2023

MES DE LA DIVINA PASTORA – DÍA VIGÉSIMOQUINTO

Tomado de La Divina Pastora, o sea El rebaño del Buen Pastor Jesucristo guiado, custodiado y apacentado por su divina Madre María Santísima, escrito por fray Fermín de Alcaraz (en el siglo Fermín Sánchez Artesero) OFM Cap., Misionero Apostólico, e impreso en Madrid por don Leonardo Núñez en 1831, con aprobación eclesiástica. Por cada Consideración, Afecto y Oración hay concedidos 280 días de Indulgencia por el Nuncio Apostólico, el Arzobispo de Santiago de Compostela y otros Prelados.
 
DÍA VIGÉSIMOQUINTO
«Aliénum non sequúntur, sed fúgiunt ab eo: quía non novérunt vocem alienórum» Joann., cap. 10, v. 5. Mis ovejas no siguen la voz del Pastor extraño; sino que huyen de él, porque no conocen la voz de los extraños.

En este día se nos manifiestan las disposiciones con que las ovejas deben oír la voz de su Pastora, y la diligencia con que deben quitar los estorbos que impiden el fruto de esta amorosa voz, sobre lo cual,

1º Considera lo primero, que por eficaz y poderosa que sea la voz con que la Divina Pastora llama a sus ovejas, ya para conducirlas por el camino de la virtud, o ya para separarlas de los extravíos del vicio, ningún efecto producirá en ellas si no fijan su atención a sus ecos y disponen su corazón para recibirla, para conservarla y cooperar a ella: por consiguiente, para que la voz de tu Pastora, ¡oh alma mía!, sea voz de consuelo y aprovechamiento tuyo, advierte que debes tener tu corazón dispuesto para recibirla, y que la mejor disposición para adelantar en todo género de virtud, dirigida por la voz de esta Pastora, es la humildad, porque ella es la raíz y el fundamento de todas; y sin ella ninguna puede haber sólidamente fundada en el corazón. Además, la humildad atrae las gracias del cielo, e informa el corazón de la criatura de tal manera que lo hace digna morada del espíritu de Dios, cuyas luces lo penetran y lo abrasan; y este fuego sagrado le da vigor y actividad para transformarse en criatura toda celestial, y entrar gustosa por las sendas más difíciles del cristianismo. Una oveja así humilde, se aprovecha cuidadosamente de todas las instrucciones que su Pastora la da con su voz tierna, ya en la lectura piadosa en que la ofrece un pasto saludable, y ya en las inspiraciones con que habla a su corazón: y como, por ser humilde, no tiene lugar en ella la envidia, la vanidad y el deseo de las honras del mundo, es susceptible de todas las impresiones de la gracia y las obedece conociendo la voz de su Pastora, por cuyo conducto se le comunican por el Padre de las misericordias. Si la humildad es una cualidad propia de una inocente oveja, no lo es menos la paciencia con que se deja atar para ser despojada de su lana y aun para ser conducida a la muerte, sin irritarse, ni volverse contra quien la clava el cuchillo. Esta virtud es igualmente necesaria para que los buenos pensamientos, las inspiraciones y demás medios con que nos habla nuestra Pastora, fructifiquen en nuestras almas. Esto quiso el Señor significar diciéndonos: Con vuestra paciencia poseeréis vuestras almas. Es decir, que seremos señores de nuestro corazón para ejecutar sin dificultad ni repugnancia todo lo que exija la gloria de Dios y pueda contribuir a nuestra santificación, que es el intento de esta Pastora cuando dirige su voz a sus ovejas. El que es verdaderamente paciente no da lugar a la pasión contraria, que quitando la tranquilidad y el reposo interior, hace que el corazón se gobierne por el propio desarreglado humor impaciente; y entonces, no hay que admirar si desaparece toda buena disposición, con que debe oírse la voz de la Pastora, que guía y conduce a sus ovejas por los caminos de la virtud.
  
AFECTOS
¡Error lamentable! Si la humildad es la mejor disposición para que la voz de mi madre Pastora fructifique en mi alma, ¿de dónde viene que yo ame tan poco una virtud que me es tan necesaria? ¡Ah! Esto se origina de que yo no conozco su mérito, y solo me afano por sus contrarios, cuales son la vanidad, la soberbia, el honor y estimación de los hombres: hasta hoy no he sabido sufrir una palabra que dañase a mi amor propio: el menor desprecio de los hombres me ha llenado de tristeza y de dolor: yo me confundo al verme tan imperfecto y miserable, y no es extraño que estando yo tan mal dispuesto, haya fructificado tan poco en mi espíritu la voz de esta Santísima Pastora. Gracias os doy, ¡oh Madre mía!, porque en tiempo oportuno me hacéis conocer este mi error. Yo me aplicaré al estudio de la humildad, pues que ella me dispone eficazmente para recibir las impresiones de vuestra voz. Es cierto que esta virtud es difícil y repugnante a la naturaleza viciada, sin embargo, no desconfío de conseguirla con vuestra protección. Sí, humildísima Pastora, comunicadme esta virtud, que os ensalzó a la mayor grandeza y dignidad.
   
No me causa admiración si inspirándome con eficacia la voz de esta Divina Pastora tantos buenos pensamientos, tantas buenas resoluciones y tantos vivos deseos de practicar la virtud, no pudo reducirme su eficacia a la ejecución de ellos tan prontamente como era justo, puesto que no me valí del otro medio que tengo para conservar su eco en mi corazón, que es la paciencia (Luc., cap. 8, v. 15). El verme tan poco cuidadoso de esta virtud, es mi mayor confusión entre los desarreglos de mi vida. Todas mis resoluciones se desvanecen sin efecto, si para esto tengo que sufrir la mas pequeña molestia. Tan poca es mi tolerancia, que si las cosas no salen a medida de mi gusto, me lamento, me inquieto, murmuro, y alborotadas mis pasiones, no me dejan con su bullicio oír la voz de mi Pastora. ¡Tal ha sido hasta hoy mi conducta!, y cuando no hubiese yo cometido otra falta, tendría bastante que llorar toda mi vida. Yo os pido perdón, ¡oh Dios mío!, y a Vos, Pastora, os suplico que no ceséis de llamarme hasta vencer mi obstinación.
   
2º Considera lo segundo, la obligación de quitar de tu corazón todos los obstáculos que pueden ensordecer tus oídos a la voz de tu solícita Pastora, cuando cuidadosa de tu bien, te llama para que atiendas a los llamamientos e inspiraciones de la gracia. Uno de estos perniciosos obstáculos es la demasiada solicitud por la fama, la salud, el honor, y demás que el mundo aprecia, cuyos cuidados ocupan tanto al alma, que la roban toda la atención, y no la dejan oír la voz de la Pastora. Esta verdad está fundada en la misma experiencia, que es la prueba mas convincente. Cuando los oídos están enteramente aplicados a estas cosas temporales, no es ya posible percibir las espirituales, y aun llegarás al extremo de despreciar la voz que te llamará la atención hacia ellas: te será sumamente sensible el obedecer al Evangelio, que te manda buscar primeramente el reino de los cielos, y no tomar cuidado por las cosas necesarias a la vida, dejando a la Providencia la provisión de ellas (Matth., cap. 6, v. 23). Considera que el deseo desarreglado de las riquezas es otro grande obstáculo para percibir el eco de la voz de esta Divina Pastora. Jesucristo lo tiene dicho, y lo dijo de un modo tan terminante, que no deja duda alguna: Es imposible, dice, que algún rico se salve (Matth., cap. 19, v. 24), porque las riquezas ocupan de tal suerte el espíritu del hombre que lo hacen sordo a las voces de la gracia, hasta perder el cuidado de su salud eterna: y porque este deseo crece con las mismas riquezas, y cuanto éstas se aumentan, toma aquél mayor incremento hasta embarazarlo, y aun esclavizarlo en sus mismos afectos desordenados. El amor de los placeres es, por último, un grande obstáculo para oír la voz de la Pastora, e inutiliza las gracias que ella intenta dispensarte llamándote hacia sí porque este amor criminal desarregla enteramente al alma, y no la deja gustar de la dulzura que lleva en sí la voz de tan amable Pastora, y con que la acaricia para desviarla de los placeres prohibidos. Como este amor es un fuego ardiente y devorador, que deseca todas las semillas de la virtud, y aun apaga las luces de la razón, la precipita en una multitud de otros crímenes, y dejando la sociedad y compañía de aquellas almas que, cual ovejas fieles, siguen la voz de su Pastora que las llama a los entretenimientos gustosos de la vida espiritual, cierra sus oídos a los clamores de tan piadosa Madre, y se extravía a saciar su gusto con amistades humanas, con juegos y diversiones peligrosas, de donde con dificultad sale sin ser rea de multitud de pecados mortales que comete y hace cometer a otros: quedando poco a poco tan esclavizado el corazón, que ya le parece no poder vivir sin aquellos pasatiempos y placeres que antes, cuando obedecía la voz de su Pastora, no tenían lugar en su voluntad.
  
AFECTOS
Desde hoy queda ya estampada en mi alma esta importante verdad del Evangelio: ¿De qué me sirve poseer todo el mundo, si pierdo mi alma? Esta reflexión será un correctivo poderoso para reformar los deseos desarreglados de las cosas del mundo, que hasta hoy han agitado a mi corazón, y lo han hecho sordo á la voz de mi Santísima Pastora. Confieso esta verdad con confusión mía: es cierto que he pasado la mejor parte de mi vida sordo a sus dulces ecos, y ocupado en cuidados superfluos, de que no he sacado otra utilidad que la inquietud, la amargura y el descontento cada vez mayor de mi corazón. Lloro, pues, mi ceguedad, cuando desengañado considero en la que he vivido ambicionando, y procurando los bienes pasajeros que Vos, Pastora mía, condenáis, y el desvelo con que me he proporcionado las comodidades, y cuanto ha podido lisonjear a la carne; y me entrego enteramente a la dirección de tan caritativa Pastora, cuya dulce voz me dice que no ponga mi atención en las cosas de la tierra, ni me deje cautivar de los deleites pasajeros, cuya duración es solo momentánea.
   
Bendígante los cielos y la tierra, ¡oh Santísima Pastora!, y queden atónitos y suspensos al oír la dulzura de tu voz: voz cariñosa y afable, con que conduces a tus ovejas á los pastos de vida eterna. Los Ángeles la escuchan con admiración y placer. Los espíritus infernales la tiemblan, y al oírla huyen precipitados hasta esconderse en lo más profundo del abismo. Tus ovejas se fortalecen y se animan con sus dulces acentos, renuncian de sí mismas y de todos los placeres de la vida, y caminan gustosas por las amarguras del Calvario, cifrando su gloria en quedar crucificadas con su dulce Jesús. ¡Tanta es la virtud y eficacia de tu poderosa voz! ¡Ah, cuán feliz hubiera yo sido, si siempre hubiese andado por las sendas que ella me marcaba! Así prometo hacerlo desde hoy, pues sé que de lo contrario, las gracias que mi Pastora me ha dispensado con su voz, serán algún día un cargo terrible contra mí, por haberlas hecho inútiles para la salud de mi alma. Quiero, pues, con tiempo remediar estos males, y reparar mis pérdidas, por la mortificación continua de mis sentidos, y por la exacta y fiel obediencia a la voz de tan amable Pastora.
            
ORACIÓN
Mi amada Madre Pastora, que con tanta fidelidad guardasteis en vuestro Corazón el eco de la voz del Divino Esposo, por cuya fiel correspondencia fuisteis elevada sobre todas las criaturas, dadme una parte de estas santas disposiciones, y grabad profundamente en mi alma vuestra voz, para que produzca en ella los frutos preciosos que Vos intentáis. Bien sabéis que no hay cosa más frágil que mi corazón; y aunque al presente no quiero ya ocuparme de las cosas de la tierra, y renuncio de riquezas y placeres, veo sin embargo, que mil veces he propuesto esto mismo, y aún no lo he cumplido con toda perfección. Hacedme la gracia de que hoy comience a realizarlo tan constantemente, que perseverando fiel en esta resolución hasta la muerte, salga de esta vida, siempre obedeciendo a vuestra voz, y que ésta me guíe a la mansión eterna de la gloria. Amén.
   
Se reza un Padre nuestro, cinco Ave Marías, y un Gloria Patri.

domingo, 24 de septiembre de 2023

MES DE LA DIVINA PASTORA – DÍA VIGÉSIMOCUARTO

Tomado de La Divina Pastora, o sea El rebaño del Buen Pastor Jesucristo guiado, custodiado y apacentado por su divina Madre María Santísima, escrito por fray Fermín de Alcaraz (en el siglo Fermín Sánchez Artesero) OFM Cap., Misionero Apostólico, e impreso en Madrid por don Leonardo Núñez en 1831, con aprobación eclesiástica. Por cada Consideración, Afecto y Oración hay concedidos 280 días de Indulgencia por el Nuncio Apostólico, el Arzobispo de Santiago de Compostela y otros Prelados.
 
DÍA VIGÉSIMOCUARTO
«Oves meæ vocem meam áudiunt, et ego cognósco eas, et sequúntur me» Joann., cap. 10, v. 27. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen.

En este día se nos manifiesta, que la Divina Pastora llama con su propia voz a sus ovejas, y cuando éstas la oyen, son reconocidas como propias de su rebaño, y ellas entonces siguen a su Pastora, sobre lo cual, 

1º Considera lo primero, que el cuidadoso y solicito Pastor, apacentando su ganado con amorosa solicitud, dirige de cuando en cuando su voz a sus ovejas con ciertos signos y modos tan varios, que adiestradas ellas, y acostumbradas a sus ecos, entienden fácilmente lo que el Pastor quiere significarlas: y ellas obedecen con tal prontitud, que a las veces dejan los pastos en que están o recreando su paladar, o satisfaciendo la necesidad y el hambre que las aflige. A esta manera las ovejas de María oyen y obedecen la voz de su excelentísima Pastora y entienden cuanto ella quiere significarlas, seguras de que es tal su bondad, que jamás les llama la atención con su amorosa voz, sino para que atiendan y procuren su mayor bien; y por esto, se gloría esta Señora, diciendo: Mis ovejas oyen mi voz, y ellas me siguen y obedecen. Pondera, que siendo tres las condiciones que pueden observarse en las ovejas de María, como prudente y sabia Pastora, son también tres los tonos de voz de que usa para regir y custodiar su rebaño. Hay ovejas delicadas y enfermas, o porque no convalecieron perfectamente de los males que padecieron, o ya por la dificultad de desarraigar los malos hábitos contraídos en sus anteriores extravíos, o ya porque la fuerza de las pasiones pesa tanto sobre ellas, que solo a fuerza de una violencia continua, en que a las veces flaquea su fragilidad, pueden superar la guerra cruel y reñida que están sosteniendo de día y de noche con la ley repugnante que milita en sus miembros. A estas ovejas las llama esta Divina Pastora con una voz blanda y suave, que introduce hasta lo interior de sus almas la dulzura y suavidad que destilan sus virginales labios, dándolas con ella el confortante más poderoso para recobrar las fuerzas perdidas, y robustecerse en el camino de la virtud. Hay otras que se ven a punto menos que expirar, porque las dificultades que encuentran en el camino de la virtud y la experiencia de su propia fragilidad, junto con los ardides del demonio que se une a ellas, las tiene al borde de la desesperación, pareciéndolas no ser posible el sostenerse. A éstas las conforta su Divina Pastora, llamándolas con una voz dulce y compasiva, que las infunde una plena y segura confianza en los auxilios de la gracia, con que pueden superar toda dificultad. Las hay sordas a los llamamientos de Dios, y que resisten tenaces a sus inspiraciones santas: a estas las llama con voz alta, fuerte e imperiosa, infundiéndolas temor y asombro, para que si no el amor, a lo menos el temor de la ira de Dios y sus castigos, convierta sus corazones y las haga dóciles, humildes y obedientes, como lo es una oveja fiel, porque el buen Pastor debe obligar con el terror del castigo a sus ovejas cuando resisten a su voz (San Agustín, Epístola 50, a Bonifacio).
  
AFECTOS
Vos, ¡oh dulce Pastora!, no perdonáis diligencia alguna para que yo sea digna oveja de vuestro rebaño. En medio de mis extravíos, o abatido con mi propia miseria, me llamáis con voz caritativa y pastoral; y si esto no basta, me seguís a lo lejos llamándome e invitándome a que vuelva a vuestro rebaño, cuando yo, locamente seducido, me separo de él. Si me resisto, y me empeño en huir, Vos os llenáis de compasión y lloráis mi pérdida; pero no cesáis de llamarme con piedad, solicitando mi atención a vuestra voz, como si Vos tuvieseis necesidad de mí para conservar la gloria que os resulta de ser Pastora de la grey de vuestro Hijo Santísimo. A tanta bondad y ternura, no puede ya resistir mi corazón. Cesad, pues, de correr ya tras de mí llamándome con vuestra dulce voz, porque yo me rindo a ella. Vuestra voz penetró mi corazón, y con su virtud y magnificencia, se robustece mi debilidad: mi indocilidad cede, y remediados así los principios de mis males, no me separaré ya un momento del redil, donde vuestras ovejas oyen palabras de vida eterna de vuestra virginal boca.

Ovejas ingratas y descarriadas, ¡ojalá que vosotras entendierais la felicidad que disfrutaríais si dóciles y obedientes a la voz de vuestra Pastora, no os separaseis ni un punto de este redil santo! ¡Ah! Esta piadosa Madre, en el colmo de sus misericordias, os hace oír interiormente su voz reprendiendo vuestros extravíos: advertid que esta voz nace del Corazón amoroso de una Madre que os ama entrañablemente, no obstante vuestra ingratitud: que va detrás de vosotras llamándoos, cuando ingratas huís de su presencia, y os ofrece todo su valimiento y protección cuando merecíais ser abandonadas. No cerréis, pues, vuestros oídos a su voz, poniendo así estorbos al amor con que os busca y os llama. No la obliguéis a que enojada de vuestra pertinacia y endurecimiento, cese de llamaros, se retire, y os deje en manos de vuestros enemigos.
   
2º Considera lo segundo, la estimación y el aprecio que se merece la voz de esta Divina Pastora, ya sea dirigida a las ovejas enfermas, a las débiles, moribundas, o sordas y endurecidas; y esto lo podrás conocer por la excelencia de la Madre del Pastor Divino, que habla a sus ovejas con aquel lleno de grandeza y majestad, que es propia de la voz de Dios, puesta por Él mismo misericordiosamente en boca de tan digna Pastora, para comunicarnos sus órdenes, y voluntad santísima. Siendo, como lo es en efecto esta Señora, el conducto fiel que escogió el Omnipotente para adoctrinar al mundo, nos hace entender los documentos de vida eterna que su Santísimo Hijo predicó y enseñó con sus palabras y ejemplos. Por cuya razón, nada aventuramos con decir que la voz de esta nuestra Pastora es, en cierto modo y sentido, toda divina; y aun por esto, el Divino Esposo pide a ésta su querida Esposa, que haga resonar su dulce voz en sus oídos para recrearlos con su dulzura (Cánt., cap. 3, v. 14). Pondera aquí, alma mía, la atención con que debes escuchar la voz de tu Pastora, porque, si es tanta la que se merece la de un Monarca de la tierra, que nadie se atreve a despreciarla, ni aun contradecirla, ¿no es preciso confesar, que es sin comparación más respetable la voz de esta Divina Pastora, en quien reside la plenitud de autoridad, depositada en sus labios por su Divino Hijo, y que por consiguiente se profiere con todo el lleno de sabiduría celestial, que es necesario para dirigir, gobernar, corregir y enseñar a todo el rebaño místico de la Iglesia? Y así, no es extraño que de su voz tomasen lecciones los Apóstoles para anunciar a todo el mundo la doctrina del Evangelio: convertirlo a la ley de un Crucificado: reducir a penitencia a los pecadores más endurecidos: y aun librar a los ya muertos de las oscuridades de los sepulcros. Considera que si tan respetable es la voz de los pastores de la Iglesia, que dice el mismo Dios, el que os oye, a Mí me oye (Luc., cap. 10, v. 16), la voz de esta Pastora, a cuya custodia y asistencia son encomendados por Jesucristo los Apóstoles, los Doctores y Predicadores de su Evangelio, lo debe de ser mucho más sin comparación, y más teniendo, como tiene en sí misma, la virtud y la fuerza para producir todos los bienes que puedan apetecer las ovejas que la oyen. Ella penetra y se significa con virtud divina aun en las almas más criminales, si quieren aplicar sus oídos a sus ecos; y es tal su eficacia y su poder, que los saca de los espantosos senos de la muerte y la corrupción, y los resucita a nueva y ejemplar vida: de forma que no solo los anima para practicar las virtudes cristianas, sino que los fortalece también para emprender y realizar cosas tan prodigiosas que el mundo mismo, incapaz de penetrar este misterio, se asombra y queda atónito. Según esto, podemos conocer y confesar que no hay, ni debe haber en las ovejas de María otra solicitud mas digna de su atención que el oír la voz de su Pastora, guardarla, y conservarla en su corazón, para que, fructificando en él, copien en sí mismas las virtudes de la Pastora que las guía.
  
AFECTOS
Parece increíble, ¡oh Pastora Santísima!, que Vos tengáis la bondad de dirigir vuestra voz afectuosa y tierna, a mí que soy la misma nada: que derraméis en mi alma una consolación tan dulce, con los acentos formados en vuestros hermosos labios, y que sin embargo oiga yo esta voz con tanta indiferencia, y acaso con menor aprecio que si un hombre cualquiera me hablase de novedades impertinentes. ¡Ah! Yo bien conozco cuán criminal soy por esta ingratitud, y cuán justo es vuestro enojo contra mí por no haber estimado, cual debía, el imperio de vuestra soberana y pastoral voz. Yo, desgraciado e infeliz, desprecié más de una vez lo que Vos me decíais, ya en la lectura de los libros espirituales, o ya por boca de los Predicadores, que cooperan a la instrucción del rebaño de vuestro Hijo Santísimo: leyendo sin atención, u oyendo distraído, o cerrando de intento mis oídos por el recelo de que, al hablarme Vos, me intimaseis la ejecución de lo que yo debo practicar; pero ya quiero reparar estas faltas, escuchando vuestra voz con respeto, sea cual sea el conducto por donde llegue a mis oídos, y ejecutar fielmente cuanto ella me ordene.
  
Sí: estoy ya convencido: conozco que la voz amorosa de mi Pastora es digna de toda mi atención; y así, el poco aprecio que hasta hoy he hecho de ella, me obliga a reparar esta mi ingratitud: ya en adelante pensaré y meditaré de continuo sus preceptos, y la respetaré con toda la resignación de mi espíritu, convencido como estoy de su eficacia, de su grandeza y su fecundidad. Ella producirá en mi alma los frutos abundantes, que ha producido en el corazón de tantas sus ovejas santas y perfectas. Yo confieso su cuasi omnipotente virtud, y la considero por lo mismo capaz de transformar mi corazón en el modo que Vos queréis. Si ella me dice que es necesario mortificarme en la comida, en la bebida o en los regalos de mi cuerpo: si me manda renunciar todo cuanto ha recreado mis sentidos: si me ordena que quite la ocasión en que tantas veces he tropezado y por la que me he visto sumergido en el pecado; o que renuncie finalmente al mundo, a sus máximas y costumbres, yo lo ejecutaré todo con exactitud. ¡Virgen Santísima! ¡Pastora Divina!, confirmad esta mi resolución. ¡Espíritu Divino!, comunicadme vuestros auxilios para realizarla.
            
ORACIÓN
¡Oh, Pastora admirable!, cuya voz hace entender a todas tus ovejas la voluntad del Omnipotente, y los caminos por donde debemos marchar para santificarnos con su exacto cumplimiento; haced que esta vuestra voz se introduzca en mi corazón de una manera tan eficaz, con una fuerza tan penetrante, y con un eco tan claro y evidente, que no pueda resistirme a practicar cuanto Vos me ordenáis. Yo al presente, ¡oh Madre mía!, me encuentro en la firme resolución de ejecutarlo así: mas por la experiencia de mi infidelidad pasada, llego a desconfiar de mis propósitos, por firmes que me parezcan; y así si Vos no tenéis compasión de mi flaqueza y debilidad, no haré más que levantarme para caer: concededme, pues, la gracia de perseverar fiel, siguiendo el eco de vuestra voz, hasta entrar en los pastos eternos de la gloria. Amén.
   
Se reza un Padre nuestro, cinco Ave Marías, y un Gloria Patri.